La felicidad

felicidad vida cristiana

Llegaremos a Aquel que, por ser el camino, la verdad y la vida, es la fuente de toda felicidad: “la vida eterna está en que te conozcan a Ti, Padre, y a Aquel que Tú has enviado”.

Esta tarde me he entretenido en buscar el concepto de felicidad, que nos encandila y apasiona y nos aprisiona a todos. Hagamos lo que hagamos, vamos a la búsqueda de algo o de Alguien que pueda hacernos felices.
El año pasado, hace un año, se tuvo en Madrid un congreso bajo este lema: “Felicidad: ¿ser o tener”?
Intervinieron grandes personajes del pensamiento: pedagogos, sociólogos, psicólogos y filósofos.
Para el Catedrático de Psiquiatría, Enrique Rojas, la felicidad es un estado de ánimo gratificante, que hace que nos encontremos satisfechos con nuestras vidas”. Para ello, dice, hay que basarlo todo en dos pilares: tener una personalidad hecha, y tener un proyecto de vida con tres vertientes fundamentales: el amor, el trabajo y la cultura: la cultura hace al hombre más humano; el trabajo nos coloca al servicio de los demás; el amor nos transforma por dentro y por fuera.
1) Para tener personalidad se requiere conocerse a uno mismo con sus aptitudes y sus limitaciones y el saber gobernarse a sí mismo, que es el gobierno más difícil que existe.
2) En cuanto al proyecto de vida, las claves, según el Dr. Rojas, están en el orden y la constancia: el orden, que es el establecimiento de una auténtica escala de valores, y en la constancia que es la fidelidad a la coherencia dentro de esta escala de valores. “El hombre feliz, concluía Rojas, es el que tiene paz consigo mismo”.
“El corazón de la paz está en la paz del corazón”, ha dicho Juan Pablo II.
Y el Evangelio de esta tarde nos da la solución a todo: “No perdáis la calma” (Juan 14,1)
Para José Luis Pinillos “la felicidad no se da al que se ocupa de ella; viene como resultado de otras cosas”. El logro de la felicidad propia está en procurar la felicidad del otro.
Es un error, dice, buscar la felicidad en el hedonismo, porque el placer dura poco, y, como es efímero, conlleva a corto plazo la infelicidad: el hedonista vive siempre en plena ansiedad, por miedo a perderlo todo y quedarse a solas consigo.
La segunda opción es el estoicismo, postura con la que el hombre se desentiende de todo lo que le rodea y no deja que nada le afecte. Esta es una postura tan errónea como la anterior.
La tercera opción, decía Pinillos, Catedrático de Psicología, es la que parece extenderse más en nuestra sociedad: la vida “light”, que busca la comodidad por encima de todo y sin trascendencia alguna. La televisión lanza un mensaje de comodidad y de lujo, y cualquier otro valor queda desprestigiado.
Frente a todo esto, decía Pinillos, “necesito creer en algo superior a mí, algo que no es finito. Lo hago porque, a lo largo de mi vida, he pasado muchas vicisitudes; he estado incluso cerca de la muerte, y, sin embargo, alguien me ha hecho llegar hasta mí. Nunca he ido buscando “las cosas”, y en cambio he recibido mucho”. El valor de lo trascendente es el valor de la felicidad. Más de quince siglos atrás lo había expresado San Agustín con aquella frase lapidaria: “Hemos sido hechos, Señor, para Ti, por eso nuestro corazón no tiene quietud hasta que la consigue en Ti”. Ahí está la fuente de la felicidad.
Para Julián Marías la felicidad se nutre de ilusión, y se halla en las personas, por tanto, en el amor. El autor de “La felicidad humana” quiere huir del pesimismo, aunque reconoce que la vida humana está en la inseguridad…, que no le deja ser feliz; sin embargo, la incertidumbre que rodea al hombre dice, es lo que dota a la vida de la constante aspiración a lo nuevo. No obstante, por ser realista, al comparar la sociedad del siglo pasado con la nuestra, reconoce que “antes tenían más proyectos y menos recursos, y ahora tenemos más recursos que proyectos. La consecuencia de ello es un enorme aburrimiento”.
Marías parte de la afirmación de que la felicidad “es un imposible necesario”; pero, “a pesar de que alcanzar la felicidad en esta vida, no es posible, no podemos renunciar a ella”. Es terriblemente equivocada la idea del hombre actual, de que la felicidad está en la seguridad, pues “ello le lleva a no creer en una vida después de la vida”, “porque el hacerse preguntas sobre el futuro después de la muerte le produciría una gran inseguridad, y entonces se conforma con sucedáneos”.
“Si no le pedimos algo a cada día, la felicidad no es posible; pero los proyectos que debemos acometer son aquellos que están en nuestras manos: “podemos desearlo todo, pero no podemos quererlo todo, sino sólo aquello que nos es posible”.
¿Qué es nuestra actual sociedad del bienestar? Marías contestó: “un enmascaramiento, que ha hecho muy difícil alcanzar la felicidad”.
Llegaremos, más allá de los filósofos, a Aquel que, por ser el camino, la verdad y la vida, es la fuente de toda felicidad: “la vida eterna está en que te conozcan a Ti, Padre, y a Aquel que Tú has enviado”.