Testimonio de Dolores Garcia-Murga
Testimonio Dolores Garcia-Murga
(Dirigente de Cursillos. Burgos. España)

No creo ser la única a la que le falten palabras para expresar quién es Sebastián Gayá, y qué ha significado y significa en mi vida, pero no me resisto al gran esfuerzo para colaborar en un HOMENAJE, con mayúsculas, hacia él. Lo conocí muy niña, en casa se repetía el sonido del teléfono “papá, es Sebastián” y así, despacio, entró y está en casa y en la vida de cada uno de los García-Murga.
Aquel sacerdote tan amigo de mi padre se hace amigo de todos y, por supuesto de mí. En mi adolescencia y juventud, con mi carácter apasionado e inquieto, recuerdo sus primeras visitas a casa, siempre escasas para lo que deseábamos; poco a poco voy entrando en las conversaciones, hay cosas que voy entendiendo, otras no…
Con Sebastián se habla de todo, pero siempre entran los Cursillos. En mis primeros años, yo vivo la experiencia del primer Cursillo mixto de Madrid; procuro, con verdadero entusiasmo –palabra que como otras muchas aprendí de él– conocer el Movimiento de Cursillos a fondo y siempre me he sentido privilegiada al escuchar y vivir tantos momentos con él. Recuerdo el verano de 1981 cuando estuvimos en su casa de Mallorca y recorrimos sin prisas y disfrutando todos los sitios y escenarios del Movimiento.
Junto a Sebastián he trabajado en Cursillos más de 20 años. Cuanto más se conoce a alguien, más se quiere, y eso es una gran verdad.
Como a muchos de nosotros el Cursillo marcó un antes y un después en mi vida, y no olvido dar gracias a Dios por ello, muy a menudo, y dar gracias a Dios por servirse de Sebastián Gayá para crear y potenciar esta obra de Iglesia.
Estoy convencida de que si no hubiera seguido unida a Sebastián y al Movimiento de Cursillos hoy mi vida hubiera tomado otro rumbo; ¡Hay tantas circunstancias que influyen!, pero mantener su amistad, fomentar su cariño fraternal, seguir su ejemplo de entrega y dedicación, me sirve día a día para que aquella joven universitaria, hoy profesional, esposa y madre de familia, siga trabajando en la Iglesia de Jesús, porque un día encontró a Sebastián Gayá y a los Cursillos de Cristiandad.
Burgos (España), 19 de octubre de 1998
Testimonio recogido en el libro
«Conversaciones con Sebastián Gayá» de Mariví García. Madrid. 2005
Testimonio de Laura Zaballos
Testimonio Laura Zaballos
(Dirigente de Cursillos. Madrid. España)

Quisiera aprovechar esta ocasión para testimoniar lo inolvidable que resultó para mí vivir la experiencia de un Cursillo de Cristiandad y también quisiera poder expresar, en breves palabras, mi vinculación al Movimiento de Cursillos. Fue durante aquellos imborrables días cuando descubrí que la verdadera felicidad era saber que Dios me amaba, a mí particularmente, y que nunca me dejaría, al contar Él conmigo y en consecuencia yo con Él, desde aquel mismo momento.
Después de mucho pensarlo, comprendí, que el Señor me llamaba para trabajar en este Movimiento de Evangelización, gritando al mundo que Dios existe y que nos ama. Así fue, como a partir de ese momento me incorporé a participar en este Movimiento de Iglesia. Concluía mi Cursillo en la Clausura del día 20 de enero de 1967. Han sido 31 años con muchos altibajos, unas veces con deseos de retirarme y otras con ganas de continuar. Posteriormente, por circunstancias familiares, supe lo que significaba la soledad; y agradecí el apoyo y solidaridad que recibí de las personas con las que he convivido durante estos años. En el Movimiento encontré fortaleza para aliviar mis momentos difíciles.
En el transcurso de estos años he perseverado con gran fidelidad. Conocí a un sacerdote: Sebastián Gayá; pequeño en altura, pero grande en santidad; un sacerdote que me enseñó a amar a Dios y a mis hermanos los hombres y a darme cuenta de cual era mi camino, transmitido a través de sus palabras.
Ha sido también una persona que ha sacrificados su tiempo para escuchar mis problemas, así como mis inquietudes. En fin, un servidor de Dios que ha significado mucho en mi vida y cuyo afecto hacia él es muy grande. En los momentos importantes de mi vida, lo he tenido siempre a mi lado. Estuvo conmigo cuando casé a mi única hija, cuando celebré mis 25 años como cursillista – con una entrañable Eucaristía en mi propia casa – y sobre todo en los periodos de mi dura enfermedad, rezando mucho por mí y dándome ánimos con gran amor y esperanza para seguir el camino y no desfallecer. A partir de ahora, lo único que yo puedo hacer por él es rezar para que el Señor le permita permanecer mucho tiempo aún entre nosotros y para que al final de la jornada le otorgue su recompensa.
¡Sebastián, te necesitamos!
Madrid (España), 29 de octubre de 1998
Testimonio recogido en el libro
«Conversaciones con Sebastián Gayá» de Mariví García. Madrid. 2005
Testimonio de Rafael Morales
Testimonio Rafael Morales
(Dirigente de Cursillos. Madrid. España)
Septiembre de 1998: “Si… bien…; mañana jueves a las 13.15”. Allí estoy. Acogedor, sencillo, ligera sonrisa. ¡Qué fácil robarle el tiempo que no tiene! Mi bullicio madrileño se calma, desaparece… Empiezo a soñar.
Corría el año 1963. Un compañero de clase venía de descubrir algo, un movimiento cristiano importante. Me dije: ¡Uf! Esto no es para mí.
Recorrí mundo. Anclé en Madrid. 1989, en mayo. Un amigo, Paco el marino, me espeta: ¿Tienes algo que hacer el próximo fin de semana? No. ¿Perteneces a…? No. ¿Te vienes a hacer un Cursillo de Cristiandad? Bueno… Me prometí un fin de semana tranquilo, en silencio, haciendo un alto en mi eterno peregrinar con rumbos poco definidos. En Cibeles, junto a Correos, a las seis de la tarde, ¡qué bullicio! Cada minuto que pasaba iba encontrando más alegría, más entrega, más normalidad. Efectivamente era verdad aquello de “no te lo puedo explicar. Tienes que vivirlo”. Allí estaban Mariano Vázquez, sacerdote, a quien conocía sin saber que era cursillista; Mariví como rectora a quien antes no conocía; José María P.C.; Carlos B,…, que compartieron mi primer cursillo y se han convertido en verdaderos soportes en mi nuevo caminar.
En la primera noche, en la capilla, un cura menudo en el que no había reparado, de ojos vivarachos, de palabra precisa y apasionada, inmutable, captó nuestra atención; sus palabras se dirigían a cada uno de nosotros en particular. Dejé mis inquietudes y se abrieron interrogantes de más altura. Encontré una manera especial de vivir la Iglesia, el Espíritu soplaba intensamente. Y comenzamos nuestro “cuarto día”, unidos en la amistad que brota de corazones abiertos plenamente al ideal común, Jesucristo.
¡Qué manía! ¡Sólo hay una isla, Mallorca, que merezca tal nombre! Y así nació la amistad entre el maestro mallorquín y el discípulo canario, difícil, desorganizado y profundamente independiente. A los pocos meses abandoné Madrid. Permanezco unido al equipo madrileño. Siento la necesidad de este ambiente, de mis charlas con Sebastián y Mariano: teléfono, cartas precisas, nuevos cursillos en común, visitas esporádicas enriquecedoras, ilusiones en común. El campo de amistad con nuevos cursillistas se agranda, comparto alegrías y dificultades.
En Sebastián he encontrado un buen “compañero en mi peregrinar” que, con suaves tirones de oreja, paciencia y amplitud de miras, va enderezando mi camino, haciéndome sentir que no sólo puedo recibir, sino que en Cursillos también puedo aportar mi granito de arena en nuestra conversión al Señor.
Con su entrega, su capacidad de trabajo, su humildad, su saber estar en primera línea – irradiando al Espíritu – para ceder rápidamente la preeminencia a los demás, se convierte en un reto para mi vida, para la vida de tantos jóvenes y menos jóvenes.
“¿Sí, Sebastián?”. “Despierta. ¿Puedes ir al cursillo del puente de la Inmaculada?”. “Sí”. “Darás el rollo de Iglesia”. “Sí”. Salgo a la calle. Son cerca de las tres de la tarde. El Caballero de Nuestra Señora de Lluc sigue vigilando.
Ferrol, Coruña (España)
25 de octubre de 1998
Testimonio recogido en el libro
«Conversaciones con Sebastián Gayá» de Mariví García. Madrid. 2005
Testimonio de Juan García-Murga
Testimonio Juan García-Murga
(Rector de Cursillos. Madrid. España)

Conocí a Sebastián Gayá a finales de 1967, cuando vine a Madrid a ocupar un nuevo destino en mi carrera. Había hecho yo el Cursillo de Cristiandad número diez de Badajoz, al que me llevaron para que lo viviera como el medio de apostolado que como principal tenían los Hombres de Acción Católica, en cuyo Consejo Diocesano estaba plenamente insertado. Ciertamente me convenció y durante siete años, hasta mi traslado a Madrid, me vinculé al Cursillo, tuve reunión de grupo, participé como responsable en varios y asistí a las clausuras. En realidad, no había descubierto lo que realmente era – es – el Movimiento: sólo lo veía como un medio de captación de hombres para la A.C.
Desde entonces – sin interrupción en estos treinta años – hago reunión de grupo con Sebastián, con el que además de los encuentros semanales con él y en la Ultreya, como los de la Escuela, he multiplicado – bendito sea Dios – los contactos personales. Es mi director espiritual desde entonces; hemos estado juntos en un montón de Cursillos, en convivencias – aquellas estupendas de Iglesia, suyas en la idea y el desarrollo – en jornadas de estudio, un ciclo en el Secretariado Nacional… Hemos viajado, hemos cruzado incontables llamadas de teléfono. Compartimos con él su casa de Mallorca una semana y con él visitamos, estudiamos y rezamos en los lugares donde se inició el Movimiento de Cursillos.
Debo a Sebastián – si es que tengo que buscar algún ejemplo significativo entre tantas cosas – de una parte, una idea clara sobre la libertad cristiana, para la que Cristo nos llamó, que ha significado mucho en mi vida espiritual. De otra, el descubrimiento de la Iglesia, a cuyo servicio siempre me ha ayudado.
Por supuesto siento un claro enamoramiento por el Movimiento de Cursillos. ¡Hay que oír a Sebastián hablar de él! Hay que seguirle cuando va detallando conceptos “movimiento de Iglesia”, “método propio”, “vivencia de lo fundamental cristiano”, “fermentación evangélica de los ambientes”, “descubrimiento y respeto de la vocación personal” … Es imposible – a mí me lo resultó, desde luego – no entusiasmarse.
He aprendido tanto de Sebastián que me resulta difícil contarlo. Y, por supuesto, me resulta más difícil todavía qué ha significado – qué significa – en mi vida. Me lo he preguntado, para redactar estas líneas, en presencia del Señor: maestro, consejero, director, padre espiritual…
En definitiva, me parece que la palabra más correcta, entendiéndola según el Evangelio, para explicarlo, es la de amigo.
Contigo, Sebastián, amigo.
Madrid (España), 19 de octubre de 1998
Testimonio de Jaime Bonet
Testimonio Jaime Bonet
(Sacerdote. Fundador del Verbum Dei. España)

Sebastián, Heraldo, Apóstol y Maestro del Evangelio
La vida de D. Sebastián Gayá Riera me evoca la personalidad del gran Apóstol de las gentes, San Pablo. Sin duda, lo que más y mejor caracteriza a nuestro Director Nacional del Secretariado de Cursillos de Cristiandad en España, es el triple título, y realidad con que el Apóstol Pablo se sentía agraciado del Señor: El ser constituido, por el mismo Cristo, Heraldo, Apóstol y Maestro del Evangelio.
D. Sebastián, a sus 24 años, inició su magisterio de formador de apóstoles. En aquella edad tuve yo la singular gracia de Dios de encontrarme con él y de seguirle en calidad de discípulo.
Desde aquellos días D. Sebastián, sin interrumpir ni menguar su ritmo de formador de apóstoles, ha ido siguiendo, más bien en progresión ascendente, su magisterio hasta el día de hoy, a sus 85 años. Tal historia fácilmente se dice, más raramente se repite.
Quiero mencionar con ello que no he conocido persona más trabajadora, con mayor celo apostólico y de fe más viva en la Palabra de Dios. Esta tenacidad – condición de toda gran personalidad – impulsada por el Espíritu de Cristo, le ha mantenido a D. Sebastián con la mano apretada al mismo arado y sin jamás volver la vista atrás.
Porque, además, esta dura tarea de forjador de apóstoles, oficio propio del pastor, implica un ir siempre por delante, haciendo camino al andar, logrando que los discípulos le sigan sin que se arredren ni se desvíen. Es necesario que las ovejas le conozcan y que el pastor conozca a sus ovejas, una por una, llamándolas por su nombre. El numeroso rebaño de D. Sebastián permanece hoy en su longeva memoria. Tal fenómeno sólo acontece cuando el amor del pastor se eleva por encima del número de sus discípulos y supera el peso de los años; cuando es más fuerte que la muerte porque desciende de lo alto.
Ardua labor la de nuestro maestro, D. Sebastián, permanente labor, de una existencia necesariamente marcada por el Misterio Pascual de muerte y resurrección, actualizadas al día, como fiel seguidor del Supremo Maestro. Y así y así, día a día, hora a hora, al paso que le marca el corazón ya gastado. Mientras tanto, apuntando siempre a que sus discípulos “vean cosas mayores” y “hagan obras mayores que él”.
Hacer no es más cómodo ni más fácil que el mucho hacer. Y este pareciera ser el lema y el destino, providencial para muchos, del que ha sido maestro de sucesivas generaciones y de fecundas, y variadas, promociones de apóstoles que, con fruto abundante, trabajan, desde la primera hora de la jornada hasta la última, en la viña del Señor.
Por lo que la sementera de D. Sebastián, aunque de vastísimo horizonte, no representa, a primera vista, la panorámica real de su extensa acción apostólica. Porque su verdadera influencia eclesial es, precisamente, la que encierra el núcleo genuinamente vital del Reino de Dios; es la que el Señor de la mies señala como semejante al “grano de mostaza” que, germinando y crecido, permite que en sus ramas aniden las aves del cielo; o como un puñado de levadura que, escondido entre la harina, va fermentando la gran masa que abastecerá de pan a multitudes.
En efecto, D. Sebastián, Delegado General del apostolado diocesano de Mallorca, cuna de los Cursillos de Cristiandad, tenía, además, el cargo de Vicario General del Obispo, Pastor nato de toda la Diócesis. A su Vicario y Delegado correspondió el cometido concreto, y explícito, de cuidar la gestación, organización y dirección, así a él personalmente encomendada por el Obispo, con razón conocido mundialmente como el Obispo de los Cursillos de Cristiandad, Monseñor Hervás, de tan gratísima memoria. Quedaba D. Sebastián como primer responsable y ejecutivo del naciente Movimiento de Cursillos de Cristiandad, fermento de renovación cristiana de los cinco continentes.
Pocas raíces humanas subsisten con vida, de las que germinó la encina grande de los Cursillos de Cristiandad. Una de estas raíces matriz, tal vez la más oculta, por más profunda y vital, permanece hondamente enraizada en el humus del Espíritu generador de los Cursillos de Cristiandad: es nuestro querido, D. Sebastián. Y sigue el maestro transmitiendo, con su primigenio vigor, la savia divina al árbol de la Vida, cuya semilla se va multiplicando, sembrando esperanza en áridos valles y desiertos arenosos de nuestra iglesia. Gracias, gracias, buen maestro D. Sebastián.
Loeches. Madrid (España), 19 de octubre de 1998
Testimonio recogido en el libro
«Conversaciones con Sebastián Gayá» de Mariví García. Madrid. 2005
Testimonio de Julio Gil
Testimonio Julio Gil
(Rector de Cursillos. Nafra. Portugal)

Dios –en su incomparable generosidad– me concedió un extraordinario trípode – además de aquel que tan bien explica en los rollos –, probablemente para asegurarse mejor de mi conversión: Deolinda –mi Madre–, María Julia –mi Esposa– y Don Sebastián Gayá –mi Maestro–.
Naturalmente me ayudaron otras muchas personas, pero fue la dedicación y el interés de estos tres apóstoles y la atención que les presté, lo que les confirió un toque especial.
Conocí a Don Sebastián en la Ultreya de Claudio Coello, en Madrid, hace ya unos 22 años, ocho años después de mi Cursillo en Portugal. Resulta imposible recordar todas las grandes ocasiones vividas con él, o los momentos por él propiciados y de los que yo fui testigo; recordarlos me trae siempre a la memoria más y más recuerdos de vivencias en las que sin ningún género de duda hay siempre un beneficiado: yo mismo.
A Don Sebastián le gusta la tranquilidad de estas tierras a dos pasos del mar, que suele llamar “su Betania”, su retiro de paz que estará aquí siempre esperándole.
María Julia solía guardar todos los escritos de Don Sebastián desde un nuevo Rollo de Acción hasta la media docena de líneas garabateadas en un papel con las que enviaba un simple recado; ella llamaba a la caja donde guardaba todos estos papeles “nuestro relicario”.
Llegamos a guardar también varios cuadernos de notas donde recogíamos el mensaje de las charlas de este extraordinario Director Espiritual de la Escuela de Dirigentes cuando estaba en la calle Magallanes, y María Julia, decía que intentaba tomar el máximo de apuntes pues uno nunca sabe si pueden llegar a ser de utilidad en el futuro. Y lo fueron, lo son, y lo continuarán siendo en la formación y el trabajo apostólico de los cursillistas de estas tierras de Cristo.
Y, por si lo anterior fuera poco, Don Sebastián me invitó a ser parte de su grupo hasta que volví a Portugal.
De ahí que pensar en Don Sebastián me hace recordar homilías, charlas, encuentros, viajes, trabajos, problemas…, que siempre terminaban en unirnos más y en fortalecer nuestra fe; lo que me lleva también a la conclusión de no saber dónde reside su mayor mérito: si en la palabra que dice o escribe, en su sabiduría, en su poesía, en el toque del Espíritu Santo, en su permanente disponibilidad para cualquiera, en su santa modestia, en la profunda amistad que nos brinda.
Nafra (Portugal), 15 de octubre de 1998
Testimonio recogido en el libro
«Conversaciones con Sebastián Gayá» de Mariví García. Madrid. 2005
Testimonio de José Pacheco
Testimonio José Pacheco
(Rector de Cursillos. Expresidente Diocesano de Cursillos en España)

A los dieciocho años, del nueve al doce de febrero de mil novecientos setenta y ocho, tuve el privilegio de hacer un Cursillo de Cristiandad. Privilegio porque ese Cursillo cambió la orientación de mi vida, incorporándome de una manera consciente a la corriente salvadora de la Iglesia.
En ese Cursillo el Director Espiritual era Sebastián Gayá. Durante el Cursillo hablé varias veces con él. Él supo hacerse el encontradizo en aquella labor de pasillo y sus palabras fueron preparando mi corazón para el encuentro con Cristo…
Creo que tuvo la suerte de ser el “criado” del Padre del hijo pródigo, que preparó el mejor vestido para mí y corrió a ponerme un anillo en los dedos y unas sandalias en los pies.
Tal vez él hubiera deseado ver pronto en mis ojos los destellos de luz que irradian los vuelcos de corazón. Pero eso no era posible porque yo tenía el corazón de piedra, bloqueado por la razón que todo quería entenderlo.
El Cursillo estaba casi terminado. Creo que todos habían encontrado al Señor, menos yo. En el entrañable comedor de la casa de Guadalajara acabábamos de merendar y rezábamos el Rosario antes de salir para la Clausura del Cursillo. En el último misterio, Sebastián pidió, a través de la Virgen, que se hiciera luz en uno de los presentes que buscaba con sincero corazón y no terminaba de “ver”.
En las últimas avemarías, mientras la Iglesia que había rezado por nosotros cantaba en los pasillos el “De Colores”, sentí mi corazón inundado por la Luz Divina y, en apenas unos segundos, con lágrimas en los ojos, entendí la razón de mi vida y la alegría de sentirme inmensamente agraciado.
Nunca olvidaré los ojos limpios de aquel “criado” llevándome cerca del Padre.
Muchos años después, en 1993, fui llamado a presidir el Movimiento de Cursillos de Cristiandad en España. Entonces tuve la suerte de trabajar -¡paradojas de la vida!–, en esta hermosa parcela de la Viña que es el Secretariado Nacional, con aquél pequeño “criado” de ojos claros que tantos años antes había sido elegido para dirigir mi Cursillo. Habían pasado muchos años, sin duda muchas viñas habrían sido podadas, incluso algunas, arrancadas de cuajo; sin duda muchos racimos habrían sido ya seleccionados; mucha habría sido la tarea de todos aquellos años pasados… Pero, en definitiva, allí seguía trabajando incansablemente, el “criado” al servicio del Viñador.
En los cuatro años de mi servicio, junto a otros queridísimos hermanos, tuve la suerte de trabajar con Sebastián. Su colaboración en todos los temas que se le pidieron, su conocimiento del Movimiento, su amistad sincera y su extraordinaria fidelidad al carisma inicial –sabiendo adaptarse a los tiempos de hoy desde la captación profunda de lo esencial, dejando a un lado lo accesorio y caduco– fueron para mí todo un testimonio.
Que Dios premie su entrega y servicio a los demás y, muy especialmente, al Movimiento de Cursillos, al cual quiso consagrar su vida, con la oportunidad de seguir siendo “el criado” del Padre para muchos más hijos pródigos.
Dios te bendiga, Sebastián. Gracias por todo.
Leganés, Madrid (España), 14 de octubre de 1998
Testimonio recogido en el libro
«Conversaciones con Sebastián Gayá» de Mariví García. Madrid. 2005
Testimonio de Agapito Díaz Cabrera
Testimonio Agapito Díaz Cabrera
(Sacerdote diocesano. Ávila. España)

Mi conocimiento y posterior trato con don Sebastián Gayá Riera no vienen precisamente a través del Movimiento de Cursillos, sino por otra vertiente de su excepcional personalidad.
Yo le conocí en los últimos días de noviembre del año 65, a mi regreso de Ginebra a Madrid, llamado por Monseñor Fernando Ferris Sales, Delegado Episcopal de la Pastoral de Migraciones.
Sustituí precisamente a don Sebastián en el cometido que él tenía encomendado en la Sede de Migraciones, en el número 10 de la calle Guadiana. Puedo decir que, desde aquellos primeros contactos y en los años siguientes en los que ha seguido y sigue una amistad entrañable por ambas partes, he visto siempre en don Sebastián a un sacerdote cabal, tal como le ha necesitado y necesita la Iglesia de nuestro tiempo.
Su capacidad intelectual y su gran corazón me han parecido siempre encomiables, cien por cien. Su modestia y su humildad, verdaderamente admirables.
Sus pruebas de amistad para conmigo, dignas del mayor elogio. En su faceta de director y animador de los Cursillos de Cristiandad le he conocido menos, pero las referencias que he tenido de él han sido siempre ejemplares.
Ávila (España), 12 de octubre de 1998
Testimonio recogido en el libro
«Conversaciones con Sebastián Gayá» de Mariví García. Madrid. 2005
Testimonio de Loyola Gagné
Testimonio Loyola Gagné
(Sacerdote Sacramentino. Montreal. Canadá)

Conocí a Sebastián durante los Congresos Internacionales del Movimiento. Yo iba representando al Movimiento de Cursillos Francófonos en el cual ocupo el cargo de Secretario General desde el año 1981. Enseguida nos tomamos, mutuamente, mucho afecto, y por eso seguimos en contacto por carta desde entonces.
La primera vez fue en Madrid cuando fui a visitarle al Secretariado Nacional. Llevaba yo entonces algunas preguntas sobre la interpretación de la primera edición de las Ideas Fundamentales y me las respondió todas con una claridad extraordinaria.
Fue en esta ocasión cuando me enseñó el famoso cuadro de la Virgen de los cursillistas “Madre de la divina Gracia”, cuya reproducción tengo ahora en mi oficina de Montreal.
La segunda fue en julio de 1997, cuando me recibió en la isla de Mallorca. Estaba él de vacaciones en casa de su querida hermana -que en paz descanse- y me atendió durante varios días para enseñarme todos los tesoros de la historia del Movimiento en la isla. Yo iba con el manuscrito de un trabajo sobre los orígenes del MCC y Sebastián tuvo la inmensa paciencia de oírmelo -escrito en francés que yo le tenía que leer en español- página por página, corrigiéndome expresiones o datos.
En esta ocasión aproveché para pedirle que me compusiera una oración a San Pablo como Patrono de los Cursillos. Él aceptó con mucha generosidad.
Me la mandó varios meses después, ya que, entre tanto, había sufrido una intervención quirúrgica a finales del año 97. Esta oración bellísima, tiene ahora una difusión mundial, pues se encuentra en nuestra página WEB de Internet de los Cursillos Francófonos, en la dirección: (www.cursillos.ca).
Para mí, Sebastián ha sido siempre y es, un faro que ilumina los orígenes de nuestro Movimiento, un testigo fiel y ardoroso que comunica su amor a los Cursillos. Cuando le oímos hablar, estamos como los discípulos de Emaús y nos arde el corazón.
En nombre de todo el Secretariado de los Cursillos Francófonos cuya existencia fue en varias ocasiones defendida por Sebastián en el seno del Organismo Mundial, quiero aprovechar esta oportunidad para expresarle nuestra mayor gratitud.
Montreal (Canadá) 9 de octubre de 1998
Testimonio recogido en el libro
«Conversaciones con Sebastián Gayá» de Mariví García. Madrid. 2005
Testimonio de Josef García-Cascales
Testimonio Josef García-Cascales
(Sacerdote Claretiano. Viena, Austria)

¿Unas palabras sobre mi querido y viejo amigo, Don Sebastián Gayá? ¡De mil amores!
Nuestra amistad es ya muy vieja, sólida, gozosa. Me parece que nos vimos por primera vez en la primera Ultreya Mundial en Roma el año 1966. Pero yo conocía mucho del perfil espiritual de Don Sebastián mucho antes. Y recuerdo que en una de las peroraciones durante la Ultreya en Roma algún sacerdote habló con simpatía de lo que Don Sebastián Gayá significaba como instrumento de Dios para el Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Él hablaba de Don Sebastián como de un instrumento pequeño, porque Dios es grande… Yo creo, que el ser instrumento en manos de Dios es preciosísimo y grande, porque toda la grandeza de Dios se comunica al instrumento.
Dios al suscitar el Movimiento de Cursillos de Cristiandad se transmitió entre otros al pequeño instrumento Don Sebastián y lo hizo y lo dejó grande.
Más tarde nos encontramos con frecuencia en el Secretariado Nacional de los Cursillos de Cristiandad en Madrid. Y pasamos nuestras buenas horas en amigable, profunda, inquieta conversación. Yo le contaba algo de nuestras correrías por el centro de Europa al servicio de nuestro Movimiento. Y él me daba respuesta sacerdotal y pedagógica: admiraba mis hazañas, se interesaba y preguntaba… y reíamos. Él me contaba e iluminaba sobre cosas, dichos y hechos en lo tocante a todo lo del Cursillo, sobre todo su historia.
Mi apreciado amigo Don Sebastián no podía faltar en Austria y en el centro de Europa. Yo, personalmente, lo he invitado varias veces a estar entre nosotros, a celebrar con nosotros, a buscar y proclamar como nosotros.
Recuerdo muy especialmente nuestro encuentro en Altaussee en la Austria Alta, junto a uno de los lagos glaciales más preciosos de los Alpes Austríacos. Estaba con nosotros el entretanto fallecido Obispo de los Cursillos en Austria, Florian Kuntner, que apreciaba mucho a Don Sebastián. El segundo día del encuentro de Dirigentes de los Cursillos de Austria y Alemania, nos dio Sebastián por la mañana una meditación, en la que nos relataba, cómo surgió la trilogía “Espíritu de caridad, de ilusión y de entrega”, y sobre todo nos dijo unas palabras calurosas, con las que caldeó el ambiente.
Al final nos dijo: “Pedimos al Espíritu Santo, que sea viento y fuego en este encuentro, como lo fue en el día de Pentecostés para los Apóstoles, es decir: ilusión, entrega y amor. Lo que se ha dicho ya muchas veces dejádmelo repetir a mí también: el Movimiento de Cursillos de Cristiandad puede ser un nuevo Pentecostés. ¡Dios lo quiere! ¿Creéis vosotros, que yo no lo voy a querer?”
En un encuentro del Grupo Europeo de Trabajo en Zagreb, la capital de Croacia, tuvo Don Sebastián una intervención muy sentida, de modo que el que era entonces Cardenal de Zagreb, Franjo Kuharic, tuvo un comentario largo y también muy sentido sobre las palabras de Don Sebastián.
En todos estos años hemos mantenido, Don Sebastián y yo, una correspondencia relativamente intensa, y no pocas de nuestras cartas las hemos publicado en nuestras revistas: él en la suya “Cursillos de Cristiandad”, y yo en la mía “Cursillos – Evangelium heute – “. En los últimos años, quizás por aumentar nuestros años de vida y por eso también el trabajo, nos hemos escrito algo menos. Pero los dos sabemos la infinidad de cartas que nos hemos escrito de corazón a corazón… tan intensas como los abrazos que nos damos cuando nos encontramos.
Otro recuerdo grande para mí de mi querido Don Sebastián: Después de algunos malentendidos nos decidimos en el Encuentro Mundial de Dirigentes en 1972 en Mallorca, empezando por los dirigentes de Portugal hasta los principiantes italianos e irlandeses, a “fundar” un Grupo de Trabajo Europeo. Las conversaciones preparatorias fueron vivas y hasta entusiastas. El más tarde Obispo de Funchal, Francisco Santana, escribió unas actas preciosas sobre estas conversaciones. Allí estaba Don Sebastián Gayá: callado, atento, animando. Entre otros fue él, el que pidió insistentemente, que la dirección del Grupo de Trabajo Europeo la asumiésemos nosotros en Viena. ¡Buen amigo, Don Sebastián! ¡Buena carga, cuando los Cursillos en Europa estaban en general en “tenguerengues”! Y cuando fuimos a la capilla, recuerdo, que Don Sebastián estaba arrodillado junto a mí, muy calladico, muy humildico, pero muy decidido cuando tuvo su “oración sonora”.
Y ahora me dirijo a ti directamente, mi querido y viejo amigo, Don Sebastián: Dios te mantenga el espíritu abierto para todo y para todos, que siempre has tenido y tienes… Dios te pague el corazón gozoso que siempre nos has ofrecido… y en tu humildad, alguna vez sufriente, sigue valientemente mirando hacia arriba, y desde arriba hacia abajo.
Una amistad larga y gozosa llega a hermanar, y si se hace más larga y es más anhelada llegará a hacer hermanos gemelos.
Viena (Austria), 9 de octubre de 1998






