Palabras de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Clausura de la fase diocesana del Proceso de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Sebastián Gayá Riera, sacerdote, co-iniciador del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Madrid, 7 de julio de 2026.
- Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid; Sr. Obispo de Alcalá de Henares; Secretario General, Delegado Episcopal para las Causas de los Santos, Postulador, miembros del tribunal; familiares de don Sebastián; Secretariado Diocesano de Cursillos de Cristiandad de Madrid y cursillistas presentes; Patronato de la fundación Sebastián Gayá; queridos hermanos y hermanas. Nos reúne hoy un acontecimiento de profunda significación eclesial: la conclusión de la fase diocesana del proceso de beatificación y canonización del Siervo de Dios don Sebastián Gayá Riera, sacerdote, co-iniciador del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Si en su día se abrió este camino con responsabilidad y esperanza, hoy damos gracias a Dios porque se ha culminado una etapa fundamental.
- La vida de don Sebastián estaba cimentada en Jesucristo. Quienes tuvimos la gracia de conocerlo percibíamos en él una vida sólidamente edificada sobre la roca firme del Señor. Cristo no era para él una idea, un horizonte moral, o un elemento importante en su caminar; era el centro de su existencia. En la oración, en el ministerio sacerdotal, en la dirección espiritual, en el acompañamiento de los jóvenes, en el servicio al Movimiento de Cursillos, se transparentaba siempre la centralidad del Señor en su vida.
- Su camino estuvo marcado por la cruz, pero nunca cayó en el desánimo o la queja. Soportó pruebas, enfermedades, incomprensiones y sufrimientos; pero siempre mantuvo la paz interior, la paciencia y una alegría profundamente cristiana. Sabía, como san Pablo, que la fuerza de Dios se manifiesta en la debilidad: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad» (2 Cor 12,9). En esa confianza se sostuvo su vida. No se apoyaba en sí mismo, sino en la Providencia divina, convencido de que Dios conduce la historia incluso cuando sus caminos resultan oscuros e inescrutables para nosotros.
- También el Espíritu Santo ocupó un lugar decisivo en su experiencia creyente. Don Sebastián entendía la vida cristiana como peregrinación, como camino con Cristo hacia el Padre, movidos por el Espíritu Santo. Esa dimensión pneumatológica fue esencial en su comprensión del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. No lo percibía como fruto de estrategias humanas, sino como una gracia suscitada por el Espíritu para la evangelización, para el anuncio gozoso de Jesucristo y para la transformación cristiana de los ambientes.
- Se distinguió, además, por un gran celo apostólico. Desde sus primeros años de ministerio se entregó con generosidad a la pastoral juvenil, a la formación, a la Acción Católica y a la preparación de aquella gran peregrinación a Santiago de Compostela en la que se fraguó el Movimiento de Cursillos. Para él, la fe no podía quedar encerrada en los templos ni reducida a costumbre social; debía transmitirse, debía propiciar el encuentro vivo con Cristo, la conversión personal, la amistad, la vida en comunidad y misión.
- Otro rasgo que destacaba en él es la humildad. Dotado de gran inteligencia, sensibilidad pedagógica y capacidad de liderazgo, nunca buscó protagonismo. Muchos escritos suyos quedaron discretamente ocultos o no llevaron la firma que les correspondía. No pretendía apropiarse de la obra de Dios. Sabía que el verdadero apóstol siembra, acompaña, sirve y desaparece cuando es necesario para que Cristo crezca en los corazones.
- Fue también hombre de unidad. En estos tiempos en que la dispersión, la rivalidad o los personalismos debilitan la misión de la Iglesia, su última recomendación contiene una gran fuerza: «Mantened la unidad». No fue una frase circunstancial, sino una convicción profunda, nacida del Evangelio, inspirada en la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). La unidad fruto de la caridad, de la obediencia eclesial y de la docilidad al Espíritu.
- También aquí resuena con fuerza el magisterio del Papa León XIV, cuando exhorta a ser «constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no dueños de torres destinadas a derrumbarse» (Magnifica humanitas, n. 16). Don Sebastián fue, precisamente, constructor de comunión: tendió puentes, acercó corazones, formó equipos, sostuvo procesos y trabajó incansablemente para que la gracia recibida se convirtiera en misión compartida y fructífera.
- Por eso, al concluir esta fase diocesana, nuestra actitud ha de ser de profunda gratitud, esperanza y responsabilidad. Gratitud a Dios por la vida y el ministerio de don Sebastián Gayá; gratitud a quienes han trabajado en este proceso con fidelidad y competencia; gratitud al Cardenal Arzobispo de Madrid y a esta Iglesia particular por acoger y acompañar el desarrollo de esta causa; gratitud al Movimiento de Cursillos de Cristiandad, que reconoce en don Sebastián una raíz espiritual fecunda y un referente.
- Que el Señor lleve a buen término este camino. Que el testimonio del Siervo de Dios Sebastián Gayá Riera siga alentando al Movimiento de Cursillos de Cristiandad y a toda la Iglesia. Y que María Santísima, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, nos enseñe a vivir con fidelidad, a servir con humildad y a anunciar con gozo que Cristo vive y nos llama a ser santos. ¡De Colores!
+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla, Presidente de la Fundación Sebastián Gayá, y Asesor Eclesiástico del Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad (OMCC).
Invitación
Acto de clausura de la fase diocesana de la causa de canonización del siervo de Dios Sebastián Gayá Riera.
El día 7 de julio de 2026 se celebrará el solemne acto de clausura de la fase diocesana del proceso de canonización del siervo de Dios Sebastián Gayá Riera.
Será presidido por el Emmo. y Rvdmo. Sr. D. José Cobo Cano, cardenal-arzobispo de Madrid.
Se celebrará en el Colegio San Agustín. c/ Padre Damián, 18 de Madrid. A las 19,30 será la recepción.
Acto de apertura de la Causa de Canonización del siervo de Dios Sebastián Gayá
Acto de apertura de la Causa de Canonización del siervo de Dios Sebastián Gayá

D. Carlos Osoro, Cardenal-Arzobispo de Madrid, presidió el 13 de septiembre de 2022, la apertura del proceso de beatificación y canonización del siervo de Dios Sebastián Gayá.
En el acto, Mons. Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla y presidente de esta Fundación, glosó la figura del siervo de Dios y destacó la relevancia de este causa para la Iglesia y para la vida del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.
El Postulador, Carlos Mora-Rey solicitó formalmente al Cardenal-Arzobispo la apertura de la fase diocesana del proceso.
A continuación, prestaron juramento a tenor de la ley, el Cardenal-Arzobispo, el Delegado episcopal, Alberto Fernández, el Promotor de justicia, Fernando del Moral y la Notaria actuaria, Mercedes Alvaredo y el propio Postulador.
El acto finalizó con unas palabras de don Carlos en las que resaltó cómo solo el amor de Dios hace posible una vida de santidad y misión apostólica.
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Juramento de la Comisión Histórica
Juramento de la Comisión Histórica

D. Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, ha tomado juramento a la Comisión Histórica del proceso de canonización de Mons. Sebastián Gayá, en presencia del secretario canciller de la diócesis, D. Alberto Andrés Domínguez, el delegado episcopal para las Causas de los Santo, D. Alberto Fernández y el postulador de la causa, D. Carlos Mora-Rey.
La comisión Histórica está formada por Pilar Turbidí, presidenta de la Comisión, Javier Real, historiador y Ana Rivero.
Damos gracias a Dios por este nuevo paso en el proceso.
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Nuestro presidente, nuevo arzobispo de Sevilla
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Sacerdote
Sacerdote

El cielo y la tierra, Dios y los hombres se encuentran y se abrazan en ese hombre divinizado, en ese ser -el sacerdote- que siendo hombre lleva el sello y los poderes de Dios. Cuanto dice de relación entre Dios y los hombres, pasa por las manos de esos embajadores de Dios, representante de los hombres, que es el sacerdote. Tiene algo de hombre: su naturaleza humana; tiene algo de Dios: su vocación divina y su consagración sacerdotal. Porque Dios debe haberle elegido; nadie puede alzarse embajador si no tiene una embajada; y para esa embajada, para ese mensaje sólo puede llamarle quien tiene un mensaje para enviar. Y como para esa embajada deben dársele poderes plenos, sólo el que tiene ese poder puede delegarlo. Por eso el sacerdote «vocatur a Deo», debe ser destinado por Dios a ese ministerio divino entre los hombres, y de Dios recibe las credenciales que le acreditan como embajador de Dios. No puede el hombre apropiarse ese honor; no puede escoger él esa función divina y divinizadora; sólo Dios puede confiársela. Desde la eternidad el sacerdote lleva sobre su frente la llamada de predilección, por la que le segrega de entre los hombres, aunque vive entre ellos, le eleva sobre todos los hombres y le constituye punto medio de enlace de unión, entre los hombres y Dios.
Tal es la naturaleza del sacerdote.
El primer Sacerdote, el Supremo y Eterno Sacerdote, el Sacerdote por antonomasia, de cuyo sacerdocio son sólo partícipes todos los sacerdotes, es Jesucristo, el gran Embajador de Dios. Y mirad cómo tiene que tomar una naturaleza humana: si fuera sólo Dios, no podría ser su sacerdote porque el sacerdote es mediador y Dios no puede ser mediador porque no es medio es uno de los extremos de la mediación. Y el Verbo se hace hombre, con su carne sometida al hambre y al cansancio, con su alma punzada de amarguras y dolores, con unos labios que rezan y unos ojos que lloran y un corazón que sufre. Y se hace hombre para ser sacerdote porque el fin de la encarnación del Hijo de Dios es la redención de la humanidad, y la redención debe lograrse por la gran función sacerdotal del sacrificio de la Cruz.
Y Jesucristo es llamado y consagrado sacerdote por Dios. En las honduras de la eternidad oyó el Hijo de Dios la llamada del Padre, que él acepta humildemente; mitte me; mándame; y queda ungido sacerdote en el momento augusto en que la naturaleza humana de Cristo, unida a su naturaleza divina, empieza a ser elaborada en las entrañas milagrosamente fecundas de la Virgen Madre de Jesucristo Sacerdote. Y desde entonces toda su vida es vida sacerdotal; todos sus actos sacerdotales, porque todos ellos son actos de embajador de Dios entre los hombres, son actos de mediación entre los hombres y Dios. Todos los momentos de su vida se entrega a Dios y se entrega a los hombres; mejor dicho, es entrega a los hombres y es entrega a Dios por los hombres.
Si llora en Belén la pobreza de aquel establo en que nace, es ya sacerdote que ofrece al Padre la ofrenda de su dolor, y a los hombres el ejemplo de su pobreza. Si se encallecen sus manos en el taller de Nazaret, es ya sacerdote que ofrenda al mundo la lección de su trabajo hecho oración, de su oración hecha trabajo. Si a las orillas del lago o sobre las laderas del monte, va sembrando la verdad de su doctrina, si junto al pozo llama a la mujer, si en Cafarnaúm perdona al paralítico, si en el Cenáculo nos brinda su cuerpo hecho alimento, si, sobre todo, sube al Calvario para la gran ofrenda de su ser al Padre, en el sacrificio de la Cruz es sacerdote que va acercando a Dios las almas de los hombres hermanos. Y como su función sacerdotal es, por ser suya, de valor infinito, Jesucristo es el gran Sacerdote, el Supremo y Eterno Sacerdote, sobre el cual habrán de copiar su vida y su misión cuantos sean llamados por Dios al sacerdocio. Desde entonces todo sacerdote será otro Cristo.
El mismo Señor les decía así a los Apóstoles primeros que proseguirían en el mundo su ministerio sacerdotal: como a Mí me envió mi Padre, así yo os envío. Como me envió mi Padre; con la misma función y el mismo cargo y el mismo ser sacerdotal; como me envió mi Padre, con los mismos poderes y prerrogativas; como me envió mi Padre, con el mismo espíritu y el mismo ideal y la misma suerte, como me envió mi Padre, con mi propia dignidad y mi propia personalidad, así os envío Yo para que seáis Yo mismo pasando al borde de las almas por todas las encrucijadas de la Historia. Haced esto en memoria mía; ofreced mi propio sacrificio en el sacrificio de vuestra Misa, como si fuerais Yo; id, como yo he ido, predicando al mundo la santa verdad que salva; perdonad a las almas, como yo las perdonara; acercaos a las conciencias como Yo para consolar sus fatigas y asomarlas a Dios; recoged, como Yo, a todo el que sufre y a todo el que duda; bautizadlos a todos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; todo lo que absolveréis, será absuelto; apacentad mis almas; yo estaré con vosotros; yo seré en vosotros; yo soy vosotros hasta la consumación de los siglos.
Y apoyado en la verdad y en el poder de aquellas palabras y aquellas promesas de Cristo, el sacerdote, ese hombre que tiene carne de hombre y funciones divinas, va, como Cristo, por la tierra. Vive en la tierra; pero el suelo le sirve más de sostén en que apoyarse que de morada para vivir. Todo él trasciende a Cristo. Toda su personalidad proyecta sombras divinas. Lleva el sello del más allá. Se mueve en la esfera de lo sobrenatural; refleja los rasgos de Cristo; lleva su misma embajada; es Cristo quien bautiza cuando él bautiza; es Cristo quien bendice cuando él bendice; es Cristo quien predica cuando él enseña; y es Cristo quien repite su sacrificio, capaz de la redención de mil mundos, cuando él sobre el altar ofrece el augusto sacrificio. Es el Cristo que transita por el mundo, místicamente reencarnado en la persona del sacerdote, operario de las mieses de Cristo, maestro de las almas de Cristo, pastor de las ovejas de Cristo, mensajero de las verdades de Cristo, un Cristo humanado que elegido por Dios pasa junto a nosotros a través de la historia.
Tal es la función del sacerdote de Cristo.
Extracto de la predicación de Sebastián Gaya
«Misa Nueva» de un sacerdote recién ordenado
Ermita de San Salvador (Felanitx – Mallorca)
31 de julio de 1952
Testimonio del Padre Mario Sanguinetti
Testimonio del Padre Mario Sanguinetti
Sacerdote. Asesor Eclesiástico del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Valparaíso. Chile

Me tocó vivir 18 años en España, adonde llegué en 1945 enviado por mi Congregación a realizar estudios, donde me ordené sacerdote en Peñafiel, el 14 de marzo de 1954 y donde una semana después, el 21 de marzo celebré mi 1ªPrimera Misa en Madrid. Ordenado sacerdote, debí permanecer en España por 9 años más, siendo designado como Director de Filosofía del Seminario de Mieres, y posteriormente como Superior del Santuario de Santa Gema en Madrid, en donde estuve hasta el año 1963.
Es este período tuve la oportunidad de conocer, entre otros, a un personaje que de alguna manera resultaría providencial en mi vida sacerdotal y apostólica, y el cual, hasta el día de su muerte, el 23 de diciembre de 2007, sería mi gran amigo y confidente, el Padre Sebastián Gayá.
El año 1956, cuando injusta y arbitrariamente debiera sufrir el alejamiento de las actividades de Cursillos en Mallorca y la condena a guardar silencio respecto de estos y, a consecuencia de ello, trasladarse a Madrid, llegó un día al Santuario de Santa Gema a preguntarme si lo autorizaba para decir allí su Misa diaria, petición que acogí inmediatamente, asignándole todos los días la Misa de las 8,00 h. y los domingos la de las 11,00 h.
A las pocas semanas, me llamó la atención el poder de convocatoria que empezaban a tener las Eucaristías por él presididas, por lo cual decidí empezar a frecuentarlas, me bastaron una o dos para aquilatar su santidad, la riqueza de sus palabras y su testimonio de humildad y de amor y de fidelidad incondicional a la Iglesia, iniciándose a partir de allí una profunda, entrañable y larga amistad.
Sin embargo, respetuoso del silencio que le había sido impuesto con respecto a los Cursillos, nunca me habló mayormente de ellos. Solo cuando en 1963 mis superiores decidieron mi retorno a Chile, al despedirnos me comentó: «Si algún día en su patria oye hablar de los Cursillos de Cristiandad, conversémoslo».
Cinco años más tarde, entre el 1 y el 4 de Noviembre de 1968, cuando el Señor me llamó a Cursillos, y me llevo a vivir el 2º Cursillo de Hombres de Valparaíso, se activó esa verdadera «bomba de tiempo» que Sebastián había dejado plantada en mí, la que explotó definitivamente cuando en el 1er Cursillo de Dirigentes de Chile, celebrado en Chillán, entre el 8 y el 11 de enero de 1970, el Padre Cesáreo Gil nos contará la historia de los orígenes del Movimiento y el rol que le había correspondido en ellos a Sebastián, al mismo Sebastián que había acogido en nuestro Santuario, al mismo Sebastián que como Director de Operaciones de la Comisión Católica de Migraciones en Madrid, me había invitado tantas veces a dar retiros con él a las jóvenes que viajaban a Australia en la entonces llamada «operación Marta».
Quisiera invitarlos al terminar este acontecimiento recordatorio, a recoger el desafío que nos hiciera Sebastián en el acto de recepción a los jóvenes mallorquines que volvían desde la Peregrinación a Santiago de Compostela, cuando ese 3 de Septiembre de 1948, desde los balcones del Ayuntamiento de Mallorca, en medio de la euforia generalizada y recogiendo el espíritu de aquel momento les señalara: «Si durante años nuestra consigna fue “A Santiago, Santos”, a partir de ahora que sea esta otra: “Desde Santiago, Santos y Apóstoles», y a que como lo dijera Mons. José Ángel Saiz, Obispo de Tarrasa y Presidente de la Fundación Sebastián Gayá, en la Misa de exequias de Sebastián: «Yo me permito recomendar hoy de su parte un añadido: “Desde Santiago, Santos, Apóstoles y unidos”. Unidos para poder ser creíbles en la misión, unidos para poder alcanzar la santidad».
Ceremonia en memoria del P. Sebastián Gayá y de Eduardo Bonnin
Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes en Viña del Mar. 4 de abril de 2008
Un paso más hacia el proceso de canonización
Un paso más hacia el proceso de canonización

El Postulador de la Causa de Canonización de Mons. Sebastián Gayá, Carlos Mora-Rey, ha entregado al Delegado Episcopal, Alberto Fernández, los documentos necesarios para que el Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid, D. Carlos Osoro, compruebe y evalúe la fama de santidad y de signos, y podamos continuar la Causa con los siguientes pasos.
Damos gracias a Dios por este nuevo avance en el proceso.


























